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el
dance ha muerto
por:
cristian c.a. para SentidoUrbano.com
| publicado: 14jul04
Sin
duda esa afirmación ha sonado miles de veces entre quienes hacen un
tema de escritorio aquello que para otros es banda sonora de sus ratos
de esparcimiento. El periodista argentino Sergio Marchi es uno de ellos.
Recientemente
publicó en el portal Seven-Guide el artículo "Vos sos mi
DJ", que reproducimos a continuación. Se trata de una reflexión
individual que sin duda sólo sirve para algo cuando cada quien la usa
para lo que pueda.
Al
final te resumimos quién es Sergio Marchi. Para cuando llegués ahí,
tendrás muchas opiniones que compartir...
Vos sos mi dj
Sergio Marchi
Es oficial. Alexis Petridis, uno de los críticos más lucidos e interesantes del pop, lo escribió para el periódico británico The Guardian: la música dance está muerta. Acabada, terminada, finita, kaput. Inmediatamente, un poderosísimo medio nacional puso en duda las palabras de Petridis, y lo acusó de ser un periodista con ganas de fama y dinero. Eso no hizo más que confirmar que Petridis estaba en lo cierto. Que el hombre había dado en el clavo y que dolía.
La máscara se corrió, el velo se rasgó, el juego terminó: a uno no le pegó el éxtasis y se dio cuenta. El género que dijo venir a acabar con el rock, ahora está en caída libre. Los lobbystas de turno decretaron la muerte del rock, buscando hacer fuerza para generar una vacante, pero el viejo choto los sobrevivió y los saluda mientras caen. ¡Qué joda!
¿Y quien tiene la culpa, eh? Según Petridis, no hay otra culpable que la propia música dance. Recuerdo los palos al rock, un género ególatra que creaba ridículas superestrellas, cosa que el dance no haría jamás ya que se trataba de una genuina democracia musical. Y allí va Paul Oakenfold, trasladando una carretilla con más de 700 mil libras esterlinas (más de un millón de dólares), por pasar música de otros, ingresando así en un record a mano armada por un show.
Pese a todas las veces que se lo decretó sin pulso, el rock siguió moviendo la cola y haciéndosela mover a decenas de remixadores que tomaron algunos temas emblemáticos y le dieron su tratamiento adormecedor y mediocrizante. Poner un bombo en 4, aumentar los bajos y colocar algunos ruidos en forma aleatoria. Eso era todo y pretendía la categoría de arte. ¿Hacía falta "La canción lógica" de Supertramp en ritmo dance? ¿No había una idea más nueva que reincidir con la versión aún más bailable de "Corazón de cristal" de Blondie? ¿No era el dance la revolución?
No: cometió todos y cada uno de los vicios por los que acusó al rock. La electrónica siguió otro camino, mucho más interesante y novedoso; el dance quedó reducido a las discotecas, y no generó artistas de peso (salvo un par de DJ gordos). Sus radios suelen merodear los bajos fondos del rating. De la revolución quedó tan solo una secta fanática y dispuesta a morir en la pista, tomando agua mineral de baja calidad y pagando precios astronómicos. Waco dance.
¿Y que será ahora de la gente que va a bailar? ¿Deberán aprender danzas arcaicas como el limbo? ¿Quedarán a merced de las hordas metálicas? ¿Se vienen grupos rústicos y guitarreros como My Morning Jacket o Kings of Leon? Seguramente tendrán su momento de gloria en las lides del rock, pero difícilmente muevan a la gente en la pista de una discoteca.
La música para bailar es tan vieja como la música misma. El mundo siempre quiso y querrá bailar, sea en la cubierta del Titanic, en el Savoy, en el living, en Pachá o en Metrópoli. Seguramente habrá un revival de la música disco, que al lado del dance suena como una sinfonía clásica, y luego aparecerá alguna nueva tendencia que no trate a su audiencia de estúpida. Que no sea holgazana y se reduzca un ritmo a prueba de idiotas, tan solo para trabajar menos a la hora del enganche. Que no busque abrirse camino a los codazos y ocupar por decreto fashion un espacio mediático. Que no predique la democracia y en la puerta imponga un código de vestimenta, como si fuera una fábrica. Que no discrimine. En definitiva: que sea honesta y creativa. Y que den ganas de bailar.
Del
autor...
Sergio
Marchi es músico y periodista especializado en rock. Dirigió y fundó
varias publicaciones en su natal Argentina. Dirigió suplementos de
espectáculos para el diario Clarín y en 1998 asumió la dirección de
la edición argentina de la revista Rolling Stone.
A
lo largo de su carrera, Marchi ha entrevistado a figuras como: Kurt
Cobain, David Bowie, Sting, Metallica, Michael Hutchence, Marilyn
Manson, Santana, Cerati, Sabina, Fito Paez, Smashing Pumpkins, Red Hot
Chilli Peppers, Bon Jovi, Robert Smith, y Elton John, entre muchos
otros.
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