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Jazzanova

Como suena Berlín?

Por Josu Olarte  Tomado de El Correo

 

«Tenemos influencias de estilos musicales muy dispares. No somos ni puristas de la tradición ni conversos a la electrónica. Buscamos un lenguaje común para la música de club que sea respetuoso con los orígenes». Así explica Alexander Barck, uno de los miembros de Jazzanova, las claves del impacto internacional de este combo berlinés de productores y DJ’s que en poco más de seis años se ha convertido en el paradigma del llamado nu jazz. Jazzanova se han situado en esa escena, cuajada, por cierto, de no pocos impostores, a base de jugosas remezclas para nombres como UFO, Incognito o 4 Hero, proyectos cercanos a esa fusión cool de jazz groovie, electrónica, downtempo, funk, bossa, sonidos latinos, hip hop y cualquier música negra que se tercie.

Una práctica, certificada en el recomendable The remixes 1997-2000, tan intensa que explica la demora en la edición de su primer disco de estudio. «Tras nuestros primeros remixes todo el mundo empezó a llamarnos. Así que nos organizamos como equipo de producción –hasta entonces éramos como un colectivo de DJ’s y tíos que sabían trabajar con máquinas– y decidimos aprovechar la oportunidad para ganar un poco de dinero y construirnos un estudio. Teníamos claro que debíamos hacerlo todo nosotros porque ningún sello nos iba hacer una oferta. Hemos actuado sin parar por todo el mundo y todo ese trabajo ha sido crucial para desarrollar nuestro sonido. Antes de grabar es necesario alcanzar el nivel que quieres».

Para su sorpresa, el creador del acid jazz londinense, Gilles Peterson, se enganchó al encanto retrofuturista de su tema Fedime’s delight y se convirtió en su principal padrino en un momento en que Alemania no era proclive a cualquier sonido groovie que se alejara del techno maquinal. Después, el sello independiente Compost se interesó por el grupo y las ofertas de bolos y remixes comenzaron a llegar en cascada. «Puede que ahora parezca que hacemos música muy asequible. Hemos tenido éxito, pero hace cuatro años, cuando nació JCR (Jazzanova Compost Records), las cosas eran muy distintas. Michael (Reinboth, capo del sello) arriesgó al apostar por nosotros», apunta Alex.

Consagrados como buque insignia de la escudería radicada en Munich y especializada en proyectos de retrofuturismo downtempo, Jazzanova han lanzado por fin In between (JCR/K industria), un álbum amable y cadencioso, con su sonido orgánico, que debe mucho a los centenares de horas que los miembros del combo se pasan haciendo arqueología sonora en su vasta discoteca de viejos vinilos de hip hop, jazz modernista y música negra. «El álbum ilustra nuestra evolución porque reúne producciones de los últimos dos años. Pero no hay un concepto unitario, dejamos que la música fluya a partir de una idea, un sonido sampleado o lo que sea. En realidad, en estudio escuchamos mucha más música de la que grabamos. Trabajamos en grupos de dos, con un DJ y un productor. Alguien sugiere un sonido, otro lo escucha y sugiere algo en la misma línea. Pese al éxito, hemos tratado de ser honestos con nosotros y hacer la música que queríamos. Tratamos siempre de que nuestro sonido evolucione».

Viejos vinilos

Sampleando vinilos a troche y moche, Jazzanova logran moverse en la fina línea que separa el mero pastiche de la asimilación coherente y contemporánea de logros rítmicos pasados. «Esa es la cuestión más peliaguda. Aunque cada uno tenemos gustos diferentes, todos los beats de nuestra música están sacados de viejos vinilos. Es un proceso muy creativo y muy basado en la técnica del hip hop, que es nuestro background común. Lo importante es que la mezcla final suene muy orgánica, como si alguien hubiera tocado esos ritmos en estudio», explica Alex.

Gracias a esa fórmula, y a su labor bajo el paraguas de Sonarkollektiv, empresa propia que gestiona sus licencias discográficas, contratación, imagen y producciones varias, Jazzanova se han convertido en los embajadores máximos del Berlín más inquieto y groovie. «Berlín tiene una reputación muy techno que no es del todo exacta. Está el Love Parade y clubes como Tresor, pero hay también miles de personas haciendo cosas muy distintas. Es una ciudad muy interesante y en continuo movimiento. La vida aquí es muy barata, mucho más que en la mayoría de las capitales europeas, y eso hace que se haya afincado gente joven y muy creativa. Berlín ha ejercido una gran influencia en nosotros. Primero, porque somos de aquí, y después, porque nuestra música comparte el espíritu abierto e inquieto de la ciudad. La mejor definición es que musicalmente representamos a Berlín, pero en verano».

     

 

 

 

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