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por: rigoberto porras  *

Ecuador luci(ó) mal

La mitad del mundo fue el centro de atención durante los últimos días. Ecuador, el lugar donde el mundo se parte en dos, fue escenario de una obra muy conocida por el público latinoamericano y que consta de los mismos actos y escenas que no hemos podido superar en mucho tiempo...
Lo primero que voy a decir es que Lucio Gutiérrez (ahora expresidente) llegó al poder por medio de una movilización popular - principalmente indígena- que los militares interpretaron para sí como una oportunidad de acceder al poder político tan reservado para ellos. ¿Mal visto, verdad?
Después de aguantarse al “Loco Bucaram” pegando brincos y diciendo cuánta estupidez se le ocurría, llegó Jamil Mahuad a la presidencia ecuatoriana con un interesante respaldo popular. Pero la situación económica y principalmente la dolarización se trajo abajo al “Señor Presidente”. Es aquí donde aparece Gutiérrez. Estamos hablando de un período que inicia en 1997 y se consolida en 2003 con la elección del entonces Coronel del Ejército Ecuatoriano; también con un “extraño respaldo popular”.
Bien. Los anteriores son asuntos instrumentales para tratar de entender qué es lo que sucede con el ombligo del mundo. ¿Qué es lo que creo que hay de fondo en todo este asunto?... Apunten.
Estamos, todavía, superando las crisis institucionales que provocaron las dictaduras en nuestra región: desde Guatemala hasta Argentina es la misma cosa, eso sí, hay que pegar un par de brincos en Costa Rica y Cuba.
Aunado a lo anterior, podríamos decir que Ecuador apostó por una opción de carácter absolutamente populista para enfrentar sus problemas. Me explico diciendo que ante un contexto de crisis profunda, sale un mae con rasgos similares a los de la población demandante, que se las trae de político no tradicional y que además le susurra a la gente lo que ésta quiere oir. Tenemos en escena a un buen actor tratando de ser lo que se quiere de él, antes de ser lo que siempre ha sido: cualquier cosa menos lo que requiere un país.
Latinoamérica se despierta cada día con una genial amenaza de que a algún prócer se le ocurra salvar a la patria. Ante esto, se nota como los partidos se unen para buscar opciones electorales, no opciones políticas (la palabra política y su sentido pragmático no son tan güeisas, merecen que les demos la oportunidad). Yo los invito a sospechar de cualquier alianza que se invente (ojó en Costa Rica), porque lo que buscan estas iniciativas es ganar las elecciones y eso no es higiénico para nadie más que para ellos y sus retretes.
Lo que sucede en Ecuador es una muestra de que las soluciones que tanto se esperan en Hispanolandia no están en las manos de los hombres fuertes, que aunque muy machitos, se orinan en los pantalones ante el primer susto. Las soluciones o por lo menos la estabilidad está en las instituciones y el conflicto bien conducido. O sea, no hay que evadir el conflicto, hay que ponerle el pecho y hasta la cara para que nos despierte las ganas de mejorar nuestros ambientes cargados de mentalidades de enriquecimiento individual y de empobrecimiento general.
El centro del mundo es ahora amorfo en términos de su institucionalidad. Poco podrá hacer el presidente Alfredo Palacio para cambiar esa realidad. Pero por lo menos, si no se clava la plata de los ecuatorianos, tendrá legitimidad para solicitarle a sus compatriotas que se apunten a limpiar la casa, no importa que haya que sacudir las esquinas más sucias.






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Sobre el autor...
rigoberto porras es productor radiofónico, locutor comercial y docente. le imprime a núcleo su particular visión de la actualidad global
rporras@sentidourbano.com

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04 | Terry unplugged
03 | Decir que...
02 | Papas a la Vaticana
01 | Caliente, caliente








 


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